Ferran Monegal es un crítico de tele cuyo éxito siempre me ha fascinado e intrigado. Es uno que tiene un programa de tele para enseñar videos de telebasura y que además hace unas entrevistas que (a mi) me causan una vergüenza ajena acojonante. En multitud de ocasiones, utiliza un 95% del espacio de su columna de El Periódico en contar lo que ha visto en la tele. Literalmente. Las típicas descripciones que no aportan nada a quien vio el programa, como cuando cortas a alguien diciéndole – sí, ya lo ví –  para que pase a añadir su opinión, y no te meta el rollo de entrada. Cobrar por esa parte del texto tiene delito… y esto es algo que siempre me cabrea ver en las críticas. Se ponen a contar la historia, llenando ahí el recuento caracteres del Word. Aunténticos spoilers a sueldo.

En muchas ocasiones mete la pata por una flagrante falta de información. Se supone que es parte de su encanto y clave de su éxito. Pero cada 2×3 este señor ya mayor, reserva un precioso espacio a contarnos cómo se pone palote con las chicas de la tele. Y se queda tan ancho porque ¡también se lo pagan! A mi me da un asco que sólo imaginarme su butaca de ver la tele me dan ganas de potar.

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