La espera en un semáforo es menos espera si ves cosas diferentes a lo habitual. En el pelotón de cabeza solemos estar los de siempre; el que se urga la nariz, la moto que pasa rozando el retrovisor y el niño que te mira fijo. Y los vehículos son siempre los mismos.

No hace tantos años había cierta expectación por algunos modelos de coche recién salidos al mercado. No sé bien por qué (ni me importa demasiado) pero eso ya pasó. Ahora las únicas sorpresas estéticas que nos depara este tremendo aburrimiento paisajístico son los coches tuneados. A parte de la música que sale de ahí dentro y lo que rodea ese mundillo, si analizo el hecho que supone la estampa de ese coche único en ese pelotón de vehículos impersonales, a mi me parece una expresión estética mucho más interesante y bella que cualquier monovolumen ni Ópeles de tres al cuarto. Eso del beauty.

Me di cuenta que los logotipos de los coches van creciendo con los años, al contrario que la mayoría de los tuneros, que suprimen cualquier rastro de marca en sus carros, alisando la chapa. Hay quien jamás ocultaría o disimularía la marca de su coche, pues consideran parte de su inversión el hecho de publicitar la marca que lucen. Otros no sé. En mi caso, me siento como un anuncio con ruedas, publicidad gratuita en mi culo que las marcas celebran alegremente.

Así, hace unos años acaricié seriamente la idea de meterme a diseñar piezas de tuning estética y económicamente asequibles, para un público potencial aburridos del aspecto de su coche. Algo que no colgara del retrovisor ni estuviera en la bandeja. Que no te convirtiera automáticamente en un pastillero y que no fuera un embellecedor del Carrefour. Entonces pensé en sustituir la pieza original del logo por un de idéntica calidad con un diseño alternativo. De ahí salieron esos bocetillos, y otros que me da pereza buscar. Si me llama un fabricante ya le daré más detalles… jajajja.

buen finde

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