La cosa está revuelta con el chiki chiki. Esencialmente porque el ejercicio nacional consiste en confundir la velocidad con el tocino. ¿Qué tendrán que ver los cojones para comer trigo? 

En fin, tras meses de asistir a esta gran paja mental colectiva de los medios, hoy se corren por fin. Y ya se sabe, se pasa un kleenex, se queda limpito y se cierra la bragueta. No hay más.

Admiro y no envidio a David Fernández, porque intuyo que le va a costar acabar la canción. Lidiar con el público y artistas que asisten a este tipo de galas estilo Noche de Fiesta tiene que ser como invitar a Sanchez Dragó a echar unas risas viendo Top Secret en casa. Como un discurso de Ana Rosa Quintana en la RAE. Como un bolo de Ramoncín en el Sonar. Aún así, que les quiten lo bailao y lo cobrado.

Esta noche tendré sentimientos bipolares; en tanto que actores, les deseo toda la suerte. Pero como consumidor les deseo un puesto insignificante. En cualquier caso entierren la sardina ya, que a partir de mañana el hedor será cada vez más insoportable.

 

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