Ya falta poco para que se abra la veda de un gran tema de conversación: el tiempo. ¿Es algo absolutamente inevitable?. Bueno, casi. Existe una técnica (para quien pueda permitírsela), que es la de sacar un cepillo interdental del bolsillo y comenzar la higiene bucal ante tu interlocutor. Suele molestar especialmente si los restos de comida salen disparados a las gafas de quien se encuentra frente a uno (y más especialmente si no lleva). 

A mi no es que me moleste especialmente. Tengo gran capacidad para el aburrimiento. Pero, hay un tema en concreto que me tiene bastante intrigado. Noto cada vez más se vincula la opinión de uno al tiempo que hace en realidad. Te otorgan poderes; si te gusta el calor, la gente es capaz de intentar convencerte de lo contrario, porque en realidad creen que es la gente como tú quien trae ese calor asqueroso. Igualmente, nos consta que muchos gallegos sufren en silencio por las tierras secas donde emigran, ya que no pueden expresar con total libertad su amor a la lluvia sin escuchar un “¿pero qué dices?”. 

Sin ir más lejos, en TV3, veo atónito cómo los hombres del tiempo prácticamente piden disculpas cuando dan un pronóstico impopular de cara al fin de semana. Como si tomaran directamente decisiones. Quizá provocado por años de protestas telefónicas de telespectadores -seguidores de esta extraña secta-, quién sabe.

Está claro que soy uno de esos cabrones que desean que haga calor y (en consecuencia) lo atraigo año tras año. Bueno, si quieren zanjar este tipo de conversaciones sin sentido, no duden en decir con total seriedad: “Madrid es más seco.” Suele funcionar.

 

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