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Como buen mallorquín, estos meses estoy viviendo cerca de la residencia de verano de sus majestades. En efecto, el sitio donde ahora mismo ir al Mercadona te convierte en sospechoso potencial, bajo la atenta mirada de policías de uniforme y una legión de disimulados paseantes con riñonera que con toda seguridad no cobran lo suficiente a tenor del calor que pasan en estos asfaltos. 

Todavía recuerdo cuando se me estropeó el coche por estas latitudes y se presentó medio cuerpo de policía (faltó el helicóptero), lo cual entretuvo a mis hijos de lo más. 

Pensando en todo ello aquí les dejo unos jotapegés.

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