Leyendo el goteo de críticas de la peli de Woody Allen, me vienen a la cabeza recuerdos de pelis que suceden en sitios conocidos. Tienen una cosa en común: normalmente me sacan directamente de la historia, me provocan la risa fácil, y el comentario ácido y letal me surge en modo barra libre.

Me pregunto si esto les pasa mucho a los americanos en general con sus pelis y sus sitios. No puedo evitar pensar ¿qué coño hacen en el barrio gótico si han doblado la esquina en Paseo de Gracia con Gran Via? Puede que me equivoque, pero en los trailers me ha parecido ver una sucesión de forzadas postales que sólo por la diversidad, ya huele mal: Discutir en la Pedrera, darse el filete en parque Güell, aperitivo en Montjuïc, follar en Hotel Arts, picnic en Collserola, discutir más en el Raval, tomar algo en Port Olimpic, cenar por el Tibidabo y vomitarlo en la Plaza Real. 

La postal en la que más pienso estos días desde Palma; esas parejas de joviales mozos pispando bolsos a los guiris en Arc de Triomf y Parc de la Ciudatella. Si es que cierro los ojos y ya oigo los gritos, las carreras…

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