¿Qué se puede reprochar de una decisión terminal cuando viene de una mente así de lúcida?

Quizá el limbo (o el infierno) está lleno de camareros de blanco, impecablemente serviciales, aterrorizados por la mano de hierro de algún sobrecargo de origen griego. En caso contrario, espero leer la crónica de todo cuando me toque.

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