Hay artículos de diario que a veces parecen bromas del 28 de diciembre. Llevo 10 años viendo los robos del Parc de la Ciutadella y alrededores. No hay que ser nada afortunado para verlos. Si quieres verlos,  basta bajar y observar a tu paso. Es constante, no hay tregua, podría ser parte de la ruta turística, con la misma seguridad con la que vas a las cataratas del Niagara y sabes que vas a ver agua caer. Vas y lo ves. Ves ante tus ojos cómo van a robar y roban, y no se te ocurra meterte por medio. 

Es una vergüenza pública, en pleno meollo de la ciudad, que se maquilla constantemente con campañas esporádicas y coches patrulla que deambulan avisando a 300 metros de su presencia que no disuaden a ningún chorizo con 2 dedos de frente. La ley tampoco es muy disuasoria, pero me trae sin cuidado, no es excusa; si puedes poner medios en perseguir actitudes incívicas, algo debería quedar para preservar la integridad del turista, que está de paso pero no es idiota.

Propongo un cambio mediante la introspección, de aceptación catártica, y que repartan folletos sobre seguridad en los hoteles, que pongan cartelitos (aquí tienen el diseño si les gusta, se lo dejo gratis), informen con la cara bien alta que, a pesar de los carriles bici, los pipicanes, las ordenanzas municipales,  tenemos chorizos, drogas y putas como en todos lados.

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