juan_palomo

Con tanto ruido por el canon digital, hay un tema que suele escapar a las columnas que hablan de la SGAE y su complicado y legal entramado recaudatorio. Es el tema del…. (leer grandilocuente) FALSO REPERTORIO. 

Por lo que he entendido la cosa va así (y que alguien me corrija si no es cierto):

Pongamos que eres un músico y tienes unos cuantos temas registrados. Que editaste 100 copias de un CD que no sirve ni para espantar moscas en la ventana. Temas que compusiste hace nosécuánto, que ya no tocas porque no te acuerdas de la letra, y que no los reconocería tu familia ni en tu propio funeral.

Pongamos que tienes un grupo de pachanga con el que amenizas bodas, verbenas y pubs semivacíos. Actúas con cierta regularidad, y en cada uno de esos bolos aparece el individuo de la SGAE, como es de ley, para recoger la lista de canciones del concierto, que por supuesto, no se queda a ver entero. Un inspector SGAE tiene mucho trabajo y unos objetivos que cumplir (y un oído que cuidar).

Así que pongamos que añades entre esa lista tus propias canciones porque nadie va a comprobar que realmente se han interpretado. Y es que, antes que contribuir a que gane unos eurillos, pongamos, Dolly Parton —que ya está forrada— mejor que se queden en tu bolsillo. No es gran cosa, pero es mejor que nada.

Pongamos que luego sólo queda esperar el cheque de la SGAE, de lo que has ido apuntando en esos bolos donde jamás se interpretaron tales temas, de los bares musicales de amigos donde nunca pusieron (ni pondrían) tu CD, de los amigos músicos que también añadieron en su lista tus temas, de los temas de coleguillas o de músicos admirados que pusiste en tu lista que tampoco interpretaste pero que te caen mejor que el autor de “Mi limón mi limonero entero me gusta más“, y así hasta donde pueda llegar tu imaginación.

Así, lo que tenemos es que una parte del negocio es una especie de bucle nacional endogámico que se nutre a sí mismo y que se suele basar en datos falsos, inexactos o veladamente fraudulentos. 

Nosotros, que pagamos por ser presuntos copiadores, podríamos empezar a hablar de un cánon de devolución compensatoria por presunta pardillez y presunta incapacidad probatoria de la SGAE.

A mi me resulta impensable ver un duro de trabajos realizados hace años, porque ya los cobré. Yo, como la mayoría de diseñadores gráficos, asistimos impasibles al espectáculo de ver nuestro trabajo reutilizado una y otra vez sin poder pasar el platillo. Será cuestión de ponerse las pilas y sacar un disco, aunque prometo no darles el coñazo.

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