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Como ya deben saber algunos de nuestros lectores, los hijos son lo mejor que podíamos soñar, aunque algunas veces su infinita curiosidad nos plantea cuestiones difíciles de resolver para cualquier padre. Ellos, en su bendita inocencia, preguntan sobre cualquier cosa sin pararse a pensar en el atolladero al que, sin querer, nos pueden llegar a conducir. Y aunque en muchas ocasiones disimulamos como podemos, en otras tantas ellos se percatan muy bien del enorme rubor que nos producen algunas cuestiones delicadas que hacen referencia a las cosas cotidianas de la vida, ya las que tarde o temprano se van a tener que enfrentar con ellas. Según todos los expertos, lo mejor es conversar abiertamente. Basándonos en varias experiencias personales, hemos confeccionado con ilusión una breve guía que esperamos sea de utilidad para aquellos valerosos padres que se atrevan a…

EXPLICAR A LOS NIÑOS LA SGAE

1. Ante todo, si tu hijo o hija te hace cualquier pregunta sobre el tema, asegúrate de que estáis solos o en presencia de familia directa. Evita la presencia de amigos aunque sean de confianza, desconecta el móvil o cualquier aparato electrónico que pueda grabar o emitir el contenido de la conversación. Si estás en el exterior, entra en casa y no olvides correr las cortinas. Enciende la tele y pon el volumen algo más alto de lo habitual (evita los programas musicales). Si te pregunta en un lugar público convence al niño o niña de posponer la conversación para casa. Aunque no hay nada de malo en exponer tus conocimientos y expresar tu opinión, no todo el mundo tiene por qué entender tu punto de vista y  nuestras respuestas podrían enojar a terceras personas.

2. Una vez en el escenario correcto, procura mantener la calma por mucho que la respuesta pueda alterarte; es muy importante no transmitir al pequeño nuestros problemas e inquietudes. Si eres uno de esos papás con mucho genio, evita tener al alcance objetos que al ser lanzados por la habitación puedieran lastimar al niño o a ti mismo. En especial evita aquellos soportes que puedan contener música, ya que lanzarlos podría constituir un uso no autorizado, a menos que tengas un permiso expreso del/los autor/es. Si es el caso, también es bueno sacar la mascota de la habitación, o al menos, alejarla convenientemente del alcance de nuestros pies.

3. Por difícil que resulte, utiliza un lenguaje que ellos puedan entender. Intenta no gritar. Aunque depende de cada entorno familiar, no hay necesidad de usar más palabras malsonantes de las habituales y a las que tu hijo ya está acostumbrado. Nuestro consejo es que si llegado el caso no se pueden evitar, no se amplíe el vocabulario a extremos que luego puedan ser utilizados en contra nuestra. Esquiva las frases hechas o expresiones que puedan pertenecer a fragmentos de canciones, libros o películas o de cualquier material cuyo autor no lleve 200 años muerto.

4. Utiliza ejemplos de la vida real. Seguramente a tu alrededor hay varias referencias que te servirán. Busca entre sus cuentos, hay algunas fábulas clásicas que te ayudarán, aunque sin duda alguna el juego de Monopoly puede convertirse en tu gran aliado. Sólo tienes que cambiar ligeramente las reglas del juego y las calles por títulos de canciones, de manera que haya un solo propietario (tú) que cobre un generoso estipendio por cada movimiento del contrario (tu hijo) no importa en qué casilla caiga ni cuántas veces. No temas porque se alargue el juego, él te hará saber rápidamente su opinión y se encargará de finalizar el ejemplo. Aprovecha ese momento como oro en paño.

5. A veces los padres nos enzarzamos en tediosas explicaciones que pronto provocan en ellos bostezos y desatención. Procura sorprender a tu hijo y amenizar tu verborrea. Una sencilla careta con la imagen del director general de la SGAE, Tedddy Bautista, un disfraz de payaso o una combinación de ambos sin duda atraerá su atención durante más tiempo. Sin embargo, durante tu “actuación” procura no hacer referencia alguna a canciones de payasos que no lleven al menos 200 años muertos.

6. Tengamos siempre en cuenta nuestras limitaciones. Si no sabemos la respuesta a sus preguntas siempre es mejor contestar que “lo consultaremos”, antes que aventurarnos a responder cualquier cosa. Al igual que en temas de religión, cosmología y esoterismo, debemos mantener la cautela necesaria y generar expectativas de respuesta con expresiones que dejen caminos abiertos a resolver el enigma en el futuro por incierto que sea. Por eso, si nos preguntan cómo se reparte el dinero que pagamos cada vez que compramos “una cosa para grabar”, lo mejor es tratar de reconducir la conversación hacia algún lugar donde nos sintamos más seguros, sortear del tema con objeto de no tranmitirles nuestra desazón por grande que ésta sea, ni cuán ignorantes nos haga semblar nuestra falta de respuesta.

7. No le ofrezcas demasiada información. Es conveniente advertir a los padres que aunque muy remota, existe la posibilidad que nuestro hijo entienda las explicaciones a su manera y trace una línea divisoria entre el cariño que nos profesa y su incipiente ética personal, despertando en él ansias de indagar sobre los productos culturales que consumen sus padres e incluso denunciarlos por algún motivo. Por muy niño que lo veas ahora, nunca se sabe a qué empresa pueden llegar a pertenecer ni a cuántos amigos y familiares pueden llegar a decepcionar y asquear profundamente.

8. Anímale a convertirse en autor. Si consigues cierta colaboración, esta actividad es de gran ayuda y les sumerge en el tema a la par que les educa en el ejemplo. Es relativamente fácil; basta con grabar cualquier intento de creación junto a él. No importa lo mala que ésta sea, ni hace falta tener conocimientos previos de música. Inventad cualquier basura que suene a canción. Luego, inicia los trámites para registrar la grabación en la SGAE. En cuanto tengas oportunidad, no pierdas la ocasión para que tu grabación se incluya en la lista de temas reproducidos, ya sea en tu peluquería o bar del barrio, o en cualquier otro sitio donde haya público y puedas convencer al dueño que te la incluya. No temas, el inspector jamás comprueba que los temas son realmente reproducidos. Al cabo de un tiempo, seguramente recibirás un talón de la SGAE, quédate con la mitad , la otra cámbiala por chuches y al dárselos recuérdale de dónde vienen. No tiene nada de malo alentar en el niño el deseo por una vida sin trabajar.

9. Haz el ejercicio de la hucha. Id al cine a ver una peli, el típico taquillazo de estreno masivo, y guarda rigurosamente las entradas en una hucha (una de esas con forma de cerdo es suficiente). Decórala en familia y ponedle el nombre de la peli. Cuando la película salga en DVD, cómprala y si te lo puedes permitir, deposita la misma cantidad que te ha costado (unos vales también pueden servir). Si haces una copia de ese DVD, paga y deja el mismo dinero ahí dentro. Si la copias o la bajas para verla desde el disco duro, o la compras en BlueRay, paga al cerdo. Si viene un amigo a ver la peli, también. Si son muchos asegúrate que nadie se escapa de pagar. Recuerda incluir todo el merchandising que adquieras o te regalen. Pasados 5 años, romped la hucha, revisad lo que hay dentro y pensad unos instantes en silencio. Durante todo el período siempre puedes refrescar el tema con el viejo truco de llamar desde una cabina con una moneda de 2 euros y colgar antes de agotar el saldo. Invite al niño a hurgar en el agujero de devolución en busca del cambio. Tomaos todo el tiempo necesario hasta que el niño ate cabos.

10. Cóbrale una cantidad simbólica por la explicación y en caso de que no la quiera cóbrale por si la hubiera querido.

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